En el entramado de Alfama existe un pasaje tan estrecho que apenas caben dos personas. Solo quienes han indagado o siguen las pistas de los vecinos logran encontrar este secreto local. En sus muros se pueden leer inscripciones que datan de la época medieval y, en ocasiones, músicos aprovechan su acústica para improvisar conmovedores fados. Cruzar este pasaje es adentrarse en la Lisboa profunda, lejos de los recorridos habituales.
En pleno corazón de Gamla Stan, el casco antiguo de Estocolmo, se esconde el callejón de los susurros. Este angosto corredor de piedra conserva siglos de historias y leyendas, y se dice que en las noches de invierno pueden oírse voces del pasado. Su atmósfera, entre mística y nostálgica, lo convierte en uno de los rincones más curiosos y menos visitados por turistas, ideal para dejarse envolver por la magia de la ciudad.
Bajo las calles de Edimburgo se extiende una red de túneles excavados durante la Edad Media, muchos de los cuales han sido redescubiertos y son ahora accesibles solo mediante visitas guiadas privadas. Adentrarse en estos pasadizos es viajar a una época de misterio y superstición, donde cada esquina guarda relatos de fantasmas, contrabandistas y reuniones secretas. Caminar por sus húmedos corredores es vivir la cara oculta de la ciudad, aquella que no aparece en las guías convencionales.